La triste historia de un ISP sin IPv6

Alejandro Acosta

Erase una vez, en un tiempo no muy lejano, un ISP muy grande que dominaba las telecomunicaciones de un país, se sentía poderoso y sin competencia. Cuando alguien necesitaba conectarse a Internet siempre recurrían a ellos. Tenían una penetración en el mercado envidiable para todos.

Sin embargo, este ISP tan grande no había querido implementar nunca IPv6, pensaba que tenía suficientes direcciones IP para abastecerse, no percibían indicador alguno que dijera: tengo que tener el nuevo protocolo.

Durante esos años, otro pequeño ISP si implementó IPv6, comenzaron a crecer lentamente, se dieron cuenta que el protocolo si marcaba una diferencia en sus clientes, ganaban usuarios gracias a tener soporte de dicho protocolo. Su penetración en el mercado crecía, ganaban más dinero y más respeto. Siendo más grandes le era más fácil conseguir mejores precios de equipos, de tráfico, de interconexión. Todo funcionaba muy bien. El ISP pequeño sencillamente no lo podía creer, algo tan sencillo de implementar como IPv6 le rendía frutos inimaginables. Sus clientes le decían que tenían crear VPNs y conferencias contra otras partes del mundo, que sus subsidiarias, clientes y aliados de negocio en Europa y Asia si tenían IPv6, por ello IPv4 no les era importante.
El ISP grande, a pesar de ser tan poderoso comenzó a tener problemas internos, no eran problemas de facturación o dinero. Eran quejas del personal de ventas que no podían cerrar las mismas porque los clientes empezaron a pedir IPv6 y ellos siendo tan grandes e importantes sencillamente no tenían. Los clientes corporativos pedían IPv6, usuarios residenciales solicitaban lo mismo, incluso grandes licitaciones del estado.

Cuando eso empezó a ocurrir el Gerente de Ventas tuvo quejas hacia los departamentos de Producto, Ingenierí¬a y Operaciones. Estos últimos se quedaron sin palabras y algunos empleados fueron removidos por los dueños de las empresas. Al final, a Ventas no les importaba donde estaba la culpa, sencillamente no podían obtener nuevos clientes. Posteriormente algunos vendedores al percatarse que estaban perdiendo clientes fueron contratados por el ISP pequeño que estaba buscando personal, total ahora sí podían pagar a importantes vendedores porque en realidad ya no eran tan chicos.
Lo mismo ocurrió con el jefe de redes del ISP grande que sabía mucho de IPv6 pero la burocracia no le había permitido llevar a producción el novedoso protocolo. Luego el jefe de redes lógicamente trajo a su administrador de servidores de confianza y su persona de seguridad. El ISP grande no podía creer lo que estaba pasando. Los vendedores contratados por el ISP chico (provenientes del ISP grande) venían con su enorme cartera de clientes, todos potenciales para ser instalados.

Se avecinaba una estampida de clientes del ISP grande. Pasaban los meses y el ISP chico ya no solo ofrecía Internet, su Data Center era mucho más grande, importantes empresas trajeron servidores nuevos, de cache y mucho más. Ahora ofrecían co-location, hosting, virtual hosting, voz, video y más.

Cuando el proveedor grande quiso implementar IPv6, tuvo que hacer las cosas muy rápidas, les salían mal, varios errores, además consultores y empresas se aprovecharon de sus problemas y cobraban mucho más para hacer las tareas con la premura que solicitaban. Aumentó el downtime de red, las llamadas al call center y la prestigiosa reputación se venía abajo.

Como es de esperar, al final de la historia todos en el cuento: clientes y proveedores terminaron implementando IPv6, unos más felices que otros pero todos con IPv6 en sus redes.